En efecto, es mi cumpleaños. Y no es que me sienta mal respecto a cumplir veintitrés años y que vuelen lejos los dos patitos (gracias Teresa por la metáfora). Es que siento que todo es igual que siempre. Y tampoco es que me sienta mal por ello pero ciertamente me acaba aburriendo...
Así que sin más dilación y para no hacer de esto un discurso narcisista, autofelicidades, sed felices y comed tarta (o cualquier otra cosa, pero imaginad por un momento que es tarta) a mi salud.
Un saludo a los que están, a los que no, y a los que están pero no veo.
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